Historia

 

Este nombre se lo debo a aquellos que más me quieren, ya sabrás a quien me refiero: familia, amigos, compañeros, colegas, entre otros. Ellos fueron los que acabaron apodándome de esta forma. Cuando intento recordar cómo empezó todo, rápidamente aparecen en mi memoria imágenes de mi madre. La recuerdo entre libros, sosteniendo su taza de café y discutiendo consigo misma sobre la necesidad de hallar un buen equilibrio mental. Nuestra interacción diaria y las largas conversaciones que mantenemos han forjado parte de mi personalidad. Ella me ha enseñado a saborear la vida, es decir a darle significado a pesar de los pesares. Por supuesto, hablar de ella implica hablar de él, mi padre. Jamás, he conocido persona más optimista y con mejor actitud frente a lo desconocido y lo diferente. Su forma apasionada de enfrentarse a los retos es el mejor regalo que he podido recibir. Está claro que tener dichos progenitores ha influido en mi identidad. Pero, también, otros han tenido que ver, como la escuela.

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Sobre todo fue determinante para la adquisición de muchos conocimientos. Piensa que soy de la generación de mediados/finales de los ochenta, y que en aquel entonces se estilaba la memorización. En fin, ¡un rollo! Estudiábamos, o mejor dicho memorizábamos mucho, para luego olvidarlo todo. De esa época aprendí dos cosas: la primera, que quería dedicarme a la pedagogía y la educación, pero sin duda no iba a replicar los mismos errores; y la segunda, que el proceso de aprendizaje significa algo más que retener conceptos. En aquel entonces, no sabía que me depararía el futuro. Sin embargo, ahora que me he encontrado con él resulta que soy una profesional cualificada, con larga experiencia en el sector y con bagaje transfronterizo en el campo de la educación formal y no formal, y puedo refrendar con criterio los pensamientos que una vez tuve siendo niña. Para mi educar significa ofrecerle a nuestro/a aprendiz, sea cual sea su edad, diferentes escenarios de formación donde pueda movilizar y poner en práctica no solo conocimientos, sino también habilidades, destrezas, procedimientos y, además, actitudes y valores que le permitan adquirir las competencias para la vida, tanto personal como profesional. Y, sin duda, esto debe hacerse adecuando las modalidades de enseñanza a los patrones, ritmos de aprendizaje y nivel de motivación de nuestros/as estudiantes.

Este es un retrato aproximado de mí misma. He intentado dibujar mis cualidades de cactus para que comprendas como soy. ¡Como ves una especie de entre tantas! Y tú, ¿qué especie de cactus eres?

Porque aunque no lo sepas, ¡tú también eres un cactus!

Al igual que los cactus se nutren de agua para vivir, tú te nutres de los aprendizajes que vas recopilando a lo largo de la vida. Aprendizajes que vas almacenando y que te hacen ser habilidoso y competente en muchas cosas y muy dispares, como por ejemplo la comunicación, el trabajo en equipo, la organización, la empatía…

Aprendizajes que te permiten, no solo sobrevivir en el terreno, sino también vivir plenamente. El terreno del que te hablo son los escenarios de la vida: la familia, los estudios y el trabajo.

Porque, como bien sabes, ¡en esta vida todo se aprende!, y llegar a ser tu mejor versión es cuestión de proponértelo. Y qué mejor que hacerlo aprendiendo de forma divertida, significativa y útil.

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Manifiesto

 

 

1. Ser diferente es lo que te hace tan especial.
2. No permitas que nadie menosprecie tus cualidades y capacidades innatas.
3. Todos tenemos inteligencias diferentes, descubre y explota las tuyas.
4. Piensa en positivo y canalizarás éxito.
5. Adquiere conocimientos, habilidades y destrezas, pero nunca te olvides que lo que rige el mundo es el saber estar y el saber ser. La suma de todo ello te hará más com-petente desde un punto de vista social, personal y profesional.
6. No te asustes frente a los nuevos retos, eso te hará crecer.
7. Recuerda que la suerte es el cruce entre la oportunidad y el esfuerzo. ¡No te despis-tes, el tren pasa una vez!
8. Busca ayuda, si la necesitas. Todos la necesitamos alguna vez.
9. No te juzgues, nosotros no lo hacemos.
10. Y nunca te olvides de aprender.

Recuerda que aunque seas un cactus más, eres un cactus único.